Día Mundial de la Salud: aportar, respetar y honrar la vida

La reflexión en este día siempre nos coloca en una posición de acreedores. La cobertura universal, la gratuidad de la asistencia para todos, la sanidad en los lugares en los que vivimos suelen ser los reclamos propios de este día. Pocas veces se oyen reflexiones sobre cuáles son los aportes que individualmente podemos hacer como personas y como sociedad. A los gobiernos les toca pensar cuáles son las medidas más beneficiosas y dónde colocar los finitos recursos disponibles, así como analizar si las inversiones deben proteger a cada individuo según su enfermedad o al mayor número de personas. Dicho de otra manera, deberán resolver si cloacas u hospitales nuevos, o agua corriente o tomógrafos.

La inversión para los votos es comprensible en la lógica política pero impresentable desde la moralidad de los actos. Como obstetra, veo preocupadamente como se discute sobre los índices de cesárea, omitiendo la carencia que se tiene en no poder contar con una operación cesárea en tiempo y forma en los lugares en los que se asisten a embarazadas. Las parturientas que se asisten en el sector público no pueden acceder a una anestesia peridural para poder parir sin dolor si lo desean. Las mujeres que pertenecen a las obras sociales o seguros prepagos logran tener estas anestesias casi de manera universal. Esto significa inequidad y en la bioética, injusticia. Festejamos sistemáticamente el nacimiento de un bebé. Esta es la prueba que tenemos libertad reproductiva. Sin embargo tener la libertad de tener hijos no nos obliga a tenerlos. Uno de cada dos embarazos no ha sido planificado. Uno de cada dos recién nacidos nace con necesidades básicas insatisfechas.

El aborto, que realizan todos los días, no menos de 1500 a 2000 mujeres, sigue en la clandestinidad y la peligrosidad por la tozudez y los conflictos de interés de los legisladores. Amparados sobre el slogan de preservar las dos vidas, muestran una falta de respeto hacia la dignidad de las mujeres. Las medidas de prevención del embarazo no deseado y del aborto son tanto la educación sexual integral como la anticoncepción. La primera está paralítica y la segunda va en muletas. En un planeta amenazado por el calentamiento global cada niño que nace es un potencial contaminador. Una de las medidas más eficaces, créase o no, es la de no tener hijos o de tener menos hijos de los que deseamos. Quitemos al acto de nacer el almíbar y tratemos de convertirlo en uno de responsabilidad.

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