Muerte, violencia y fuego: la historia más sangrienta del rock

“Solo seremos libres si bajamos nuestros estándares de vida, regresa a una vida simple y verás que detrás de los autos caros, las prendas de moda, las celebridades vacías, las casas lujosas, las capas gruesas de maquillaje… la vida tiene un verdadero significado”. Las palabras de Varg Vikernes parecen sacadas de un libro de autoayuda, pero este no es un gurú moderno, sino un hombre que hace 26 años asesinó a un colega a sangre fría, de 23 cuchilladas. Una mente del mal que se ha autoproclamado nazi en el pasado, que prendió fuego iglesias milenarias, un músico homofóbico y xenófobo, que pasó 16 años en prisión. Sus demonios no murieron, solo se transformaron.

En 1984, Mayhem empezaba a dar que hablar. La banda nueva, influenciada por otras ya establecidas como Motörhead y Black Sabbath, también jugaba con la simbología satánica como Ozzy Osbourne y con el maquillaje, al estilo Alice Cooper, pero de un modo más extremo. Aquí no había marketing como en Kiss, en Mayhem abundaban los problemas mentales. Cuando años después de arrancar, se sumó el sueco Dead (Per Yngve Ohlin era su nombre verdadero), el grupo finalmente cantó bingo.

El rock noruego salió a la luz por esta época y así, desde la oscuridad más absoluta, una escena original surgía de aquel país nórdico. La llegada de Dead tuvo mucho que ver, según registros de la época, verlo en acción arriba del escenario era un espectáculo (tenebroso). El cantante era capaz de cortarse y lastimarse con lo que hubiera, mientras entre público y escenario circulaba un desfile de cabezas de chanchos u ovejas empaladas. En 2003 un fan fue víctima del  revoleo de una de esas cabezas y terminó en el hospital con fractura de cráneo. Pero hasta llegar a eso, pasarían cosas mucho más graves.

Una de esas noches salvajes, Dead apuñaló a Euronymous, el guitarrista de su propio grupo, frente a todo el mundo. Dead no estaba bien y terminó de comprobarse cuando el 8 de abril de 1991, se quitó la vida en la casa que compartía con el resto de los Mayhem. “Disculpen por toda la sangre, gracias”, decía la nota suicida que dejó. El tiro en la cabeza que él mismo se disparó fue el final de la agonía, antes se había hecho tantos cortes que podría haberse desangrado.

Euronymous lo encontró así, muerto y deshecho, pero en vez de llamar a la policía –o incluso a la ambulancia- fue a buscar una cámara de fotos, le hizo varios retratos y se dispuso a usar esas imágenes en el arte de tapa de su nuevo disco. Detrás de él llego el bajista del grupo, Necrobutcher, quien sí se volvió loco al ver a su ex compañero fallecido y a su otro colega completamente extasiado frente al macabro espectáculo. La situación iba de mal en peor.

Parte de todo esto puede verse en Lord of Chaos, la película estrenada a comienzos de este año y dirigida por Jonas Akerlund, con Rory Culkin dentro del reparto (sí, es el hermano de Macaulay). De todos modos, cualquier recreación se quedará corta al lado de la cruda realidad. Necrobutcher no lo soportó y se fue de la banda que, con Dead muerto, se vio en la necesidad de buscar reemplazos. En este movimiento de piezas entraron Varg Vikernes, Snorre W. Ruch y Attila Csihar. Play

Euronymous y Vikernes, que hacía una pausa en su proyecto personal Burzum, enseguida conectaron y fieles al satanismo empezaron a cranear la quema de algunas iglesias y catedrales, monumentos nórdicos de cientos años, obras de arte que terminaban ultrajadas en sus manos. Esto les costó algunas entradas en la cárcel y les hizo ganar una fama inusitada entre los cultores del género.

Claro que no todos los fans ni músicos del black metal eran satanistas, pero estos personajes se convirtieron en la cara visible de un estilo y era fácil quedar pegado. La oscuridad ya se había apoderado de Mayhem y el 10 de agosto de 1993, Vikernes asesinó a Euronymous. Ya no estaban juntos en la banda y los tiempos felices en los que soñaban con prender fuego las mismas iglesias había pasado. Vikernes estaba seguro de que Øystein Aarseth (el nombre real del guitarrista) quería matarlo, entonces se adelantó. Tanto que le dio 23 cuchilladas en distintas partes del cuerpo que
obviamente terminaron con su vida. Después estuvo prófugo durante nueve días y cuando lo encontraron, se defendió diciendo que su compañero se había lastimado con vidrios rotos. Nadie le creyó y terminó en la cárcel por 16 años ya que, aunque tenía para algunos más, su buena conducta “a la sombra” lo ayudó a acortar la pena. Play

Otras bandas de black metal tuvieron de estas tragedias en la década del noventa, pero ninguna fue tan lejos. En la actualidad, Varg Vikernes se considera pagano y le rinde culto a lo nórdico. Hasta hace poco, tenía un canal de YouTube con muchísimos seguidores, pero se lo cerraron y no fue por puro prejuicio. Aún circulan en otros canales dedicados al black metal, fragmentos del material que subía y allí puede verse cómo su mente lejos de estar dañada, directamente tiene una dirección: el machismo, la xenofobia y el odio.

Vikernes sigue existiendo gracias a un montón de gente que piensa como él, es un emergente de una sociedad que busca líderes oscuros que mezclan conceptos como higiene racial y austeridad para promocionar su menaje. El músico, ya adulto, se sigue refiriendo a su “raza” (caucásica), da consejos sobre cómo hacer para “conseguir” las mejores mujeres para casarse y desde un discurso anticapitalista invita a rebelarse frente los gobiernos que lo único que planean es “destruir nuestras sociedades”. Todo esto, dicho desde una silla para PC, iluminado por la pantalla del monitor y en la impunidad de su casa en Francia, donde vive con su esposa y seis de sus siete hijos.

“Quieren que los hombres y mujeres tradicionales entren en conflictos con los homosexuales y las feministas”, asegura Vikernes seriamente y comienza a hablar de enfrentamientos violentos buscados por cada gobierno de cada país cuyo objetivo, finalmente, sería una guerra civil en cada territorio. “Siria es un anticipo de lo que está por venir, de lo que quieren implementarnos, para todos nosotros”, continúa Vikernes y enseguida enlaza con el poder de los medios de comunicación en la actualidad.

De este modo, el músico, asesino y ex convicto, mezcla los miedos de cualquier ciudadano común con los delirios peligrosos de una mente criminal. Vikernes, que usó la música como excusa para sus sangrientas cruzadas, se suma al auge del autoconocimiento para camuflar sus inclinaciones fascistas en un mundo que cada tanto se pone muy oscuro.

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